En un juicio injusto celebrado ante el Alto Tribunal Penal Iraquí, en relación con el homicidio de 148 personas del pueblo de Al Duyail. Juntro con otros tres coacusados, Taha Yassin Ramadhan, fue condenado a cadena perpetua. El 26 de diciembre de 2006, el Alto Tribunal Penal Iraquí remitió a la Sala de Apelaciones su causa solicitando una pena más severa, lo que indica que podría ser condenado a muerte y ejecutado.

Amnistía Internacional acogió con beneplácito la decisión de llevar a Sadam Husein ante la justicia por las violaciones de derechos humanos cometidas por su gobierno, pero tendría que haberse hecho por medio de un proceso judicial justo y sin recurrir a la pena de muerte. Al final, el juicio careció de las debidas garantías, estuvo caracterizado por las injerencias políticas, y fue muy criticado por no cumplir las normas internacionales sobre juicios justos. Amnistía Internacional expuso varias veces su preocupación por el juicio de Sadam Husein y otros acusados ante el Alto Tribunal Penal Iraquí.

Desde la reintroducción de la pena capital en Irak, en agosto de 2004, se ha condenado a muerte a decenas de personas y se ha producido un rápido aumento del número de ejecuciones, hasta ascender al menos a 65 sólo en 2006, en muchos casos como resultado de condenas impuestas probablemente en juicios injustos.

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