Cuando parecía que se habían roto las esperanzas, “Otegi pide a ETA que mantenga el alto el fuego”. Puede ser interpretado como un rallito de esperanza. Ello no significa que no vayan a volver a matar, pero que los líderes de Batasuna manifiesten de esta manera su desacuerdo con la violencia, abre las puertas de nuevo a la posibilidad de una paz definitiva en un futuro más o menos incierto (también de grandes discrepancias dentro de la propia organización).

No han condenado el atentado, es cierto, pero nunca antes habían mantenido, al menos públicamente, lo que se puede entender como una discrepancia con los actos de la banda.

Ya es hora de dejar de poner zancadillas a la paz, de buscarle cualquier pega a un intento de conseguirla. Que dejen las intransigencias y a los extremismos por ambas partes. El único camino a la paz es el diálogo, o, al menos, el más factible hoy día.