MUSULMANES SEGUNDA PARTE

En todos los zocos de perfumistas se vendían afrodisiacos. Una de las recetas era la siguiente: “aquel que se sienta débil para hacer el amor debe beber, antes de irse al lecho, un vaso de miel espesa y comer veinte almendras y cien piñones, observando esta dieta tres días”.

Entre los anticonceptivos destacan el colocar un ramo de petunia bajo el colchón del lecho donde se iba a practicar la relación, o el llevar la mujer colgada del cuello una bolsita con ciclamen, un colmillo de víbora y el corazón de una liebre. El coitus interruptus estaba prohibido de forma más o menos unánime.

Viendo estos métodos, es normal que se soliera recurrir a los anticonceptivos, entre los que destacaba fumigarse las partes verendas con estiércol de caballo. Si a pesar de ello no se remediaba la ambarazada, el último remedio era confiarse a un cirujano o una partera.

También se utilizaban juguetes sexuales, como el anillo cosquilleador que se fabricaba desecando un párpado de cabra en torno a un palo tan grueso como el pene del usuario. En el momento de la erección, se insertaba en la base del pene.

Los árabes practicaron con cierta asiduidad las relaciones homosexuales, a pesar de la prohibición coránica y del rigor con que las leyes las castigaron en ciertas épocas. En alguna época la moda femenina se virilizó hasta el punto de que las mujeres se disfrazaban de muchacho para atraer a sus enamorados.

En cuanto a la homosexualidad femenina, su práctica fue bastante común en el cerrado mundo del harén, aunque estaba prohibida y se castigaba duramente

A los adúlteros se les castigaba con la lapidación.

Las leyes religiosas prohibían también el coito con animales, si bien se toleraban cuando lo requería la salud del que lo hacía. Los árabes creían, y en ciertas zonas se sigue creyendo, que las enfermedades venéreas se remedian por este conducto.

Historia secreta del sexo en España (Juan Eslava Galán)