Parece que ahora sí puedo decir, casi con seguridad, que empiezo a ver la salida del túnel. Y eso es porque he averiguado lo que me había hecho entrar en crisis, y ahora todo empieza a ser más fácil.

Digamos que se trataba de una especie de “crisis post – erasmus”. Y no porque eche mucho de menos Irlanda (que sí que añoro), sino porque llegué a mi ciudad, y me lo encontré todo tan cambiado, que me sentí desubicada. Esperaba tantas cosas, tenía idealizadas las relaciones con tantas personas, incluso a las personas mismas, que no me había planteado que sus vidas habían seguido para delante, y que las cosas, aunque para mí con ellos sí lo fueran, para ellos mismos no eran igual.

Por eso, por la idealización, por ese esperar que todo estuviera más o menos igual, me he llevado muchos palos y desilusiones. Ha sido tener que avanzar un año en el tiempo con respecto a mi situación con “mi gente”, teniendo que acostumbrarme a sus cambios de golpe, y a mis propios cambios. Y ese hecho me hizo entrar en estado de shock, de inseguridad, de soledad y melancolía que me hizo caer… y al darme cuenta de que gente que esperaba y tenía la seguridad de que iban a estar ahí para sujetarme no lo estaban, todo empeoró.

Tengo que reconocer que todos los cambios me han hecho evolucionar a mi más rápido, buscarme otras alternativas y conocer a gente nueva. Quizás yo he tenido que adaptarme a “la nueva realidad” en dos meses, lo que los demás han vivido en un año. Y para ello me he sobrecargado de actividades, para intentar añorar lo menos posible lo que fue y nunca más será, y darme cuenta que las cosas están bien tal cómo están ahora, que todo ha evolucionado en un sentido lógico, y que, aunque me he llevado muchas decepciones, mejor así. Solo es cuestión de empezar a ubicarme, y no intentar que las cosas sean como cuando me fui... y empezar a pasar.

“Una vez que abres los ojos no los vuelves a cerrar”