Sé que me has mentido, en tantísimas ocasiones que ya no se qué de lo que me decías era verdad.

Me mentiste con verdades a medias, me mentiste con silencios, y me mentiste descaradamente cuando te preguntaba directamente, con tanta sangre fría que hasta asusta, haciéndome incluso sentir culpable. Y tú piensas que te creí. Quizás lo hice en un primer momento, hasta que las evidencias se caían por su propio peso.

Pensarás que soy una ingenua, pensarás que no sé la verdad. Me encantaría poder decirte que te he pillado, hacerte sonrojar intentando justificar todos los engaños, probablemente con más falsedades. Porque no eres capaz de ir con la verdad por delante. Pero no puedo, sería meter a demasiada gente en medio. Me conformaré con saber que lo sé, con sonreír cada vez que dices algo que piensas que yo no sé delante mía. Porque, como dice el refrán, se coge antes a un mentiroso que a un cojo, y aunque mi virtud no sea el calar a la gente a la primera, y aunque no pueda desahogarme, te he calado.

En el fondo, me da igual que lo hicieses. Solo es que yo no lo he hecho y no existía tal necesidad.