Mañana cumplo dos meses de becaria en el Ayuntamiento. La verdad es que me va bastante bien, aunque ese no es el tema.

A parte de intentar lógicamente hacer mi trabajo lo mejor posible, me he marcado un nuevo reto: recibir a la gente con una sonrisa. Y es que estoy cansada de ir a los sitios y que el que te atiende o te recibe (especialmente en la Administración) esté con cara de pocos amigos, te atienda con poca educación y con una "mala fondinga" que acaba haciendo que te vayas con un mal humor que va a durar posiblemente todo el día.

La labor burocrática nunca es agradable (de hecho, te hacen dar más vueltas que un garbanzo en la boca de un viejo), pero si con quien tratas está con una sonrisa, y es amable, sales con otra sensación en el cuerpo, muchas veces te contagia ese buen humor y todo se hace más ameno.

En fin, que una sonrisa no cuesta tanto, y aporta mucho (incluso para la persona que la da). Y esto no es de aplicación solo en el ámbito del trabajo, sino que es una meta que me voy a marcar para mi vida en general: sonreir más.

Las personas más felices no siempre tienen lo
mejor de todo; solo sacan lo mejor de todo lo
que encuentran en su camino