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La Coctelera

Categoría: Feminismo

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Mariana Pineda

Hija natural de María de los Dolores Muñoz y Bueno, de una familia humilde de labradores de Lucena (Córdoba), y de Mariano Pineda y Ramírez, nacido en Guatemala y perteneciente a una noble familia, vino al mundo en Granada el 1 de septiembre de 1804. Ante el rechazo de su amante a contraer matrimonio, María Dolores decidió huir; pero Mariano le arrebató la criatura cuando sólo tenía ésta cuatro meses. Un año después, él murió, y Mariana fue entregada a su tío, José Pineda, administrador de su herencia, quien, tras despojar a la niña de todos sus bienes la dio en custodia al confitero José Mesa y su esposa Úrsula de la Presa. En este hogar, donde recibió una educación esmerada, permaneció Mariana hasta los catorce años.

Se casó a los quince años, el 9 de octubre de 1819, con Manuel Peralta, un joven de Huéscar, militante del partido liberal. Tuvo el matrimonio pronto un hijo, José María. Movido por las dificultades económicas, Manuel quiso averiguar el paradero de la herencia de su esposa, pero su silencio fue comprado por la entrega al matrimonio de un mayorazgo. Tuvieron otra hija, Úrsula María, y, poco después, murió el esposo, quedando Mariana viuda a la edad de dieciocho años. Para entonces, ya estaba comprometida con las ideas liberales.

Cuando en octubre de 1923 es proclamado rey Fernando VII, que restaura el absolutismo, la casa de Mariana Pineda se convierte en un centro clandestino de amparo y ayuda para los liberales. En 1828, en medio de una sangrienta represión, tiene lugar un hecho trascendental. Su tío, el presbítero Pedro de la Serrana, es encarcelado por sus ideas. Mariana acude a visitarlo a la cárcel y allí conoce a otros liberales, entre otros, el capitán Fernando Álvarez de Sotomayor. Condenado éste a muerte, Mariana idea un plan para rescatarlo. Entró en la cárcel el 26 de octubre, disfrazada de fraile capuchino y logró sacar a Fernando confundido entre otros religiosos que habían acudido al presidio aquel día.

Mariana continuó ayudando a los liberales y colaborando en la infraestructura de la resistencia, sirviendo de enlace entre los presos y sus familias, gestionando mejores condiciones y tramitando escritos en solicitud de indultos. Su actividad acabó levantando las sospechas del juez Pedrosa, que se afanó en encontrar pruebas que inculparan directamente a la joven. Arrestada, ésta se negó a confesar y a delatar a sus compañeros, por lo que, a falta de indicios claros, fue puesta en libertad. Pedrosa estrechó el cerco de vigilancia y la volvió a arrestar y liberar.

Detrás de este acoso se ha querido ver el despecho de un hombre enamorado y rechazado, pero también la consternación porque una mujer encabezara un movimiento político de protesta.

En aquella época murió su padre adoptivo, pero la pena no logró mermar su actividad antiabsolutista, así como sus contactos con Torrijos y otros revolucionarios, exiliados en Gibraltar. A comienzos de 1831, el poder real acomete una represión aún más radical e indiscriminada, al hilo de los rumores sobre levantamientos liberales.

Pedrosa encontró entonces la prueba incriminatoria de Mariana. A través de una delación, el juez supo que dos bordadoras del Albaicín estaban confeccionando, por encargo de la joven, una bandera con el lema «Igualdad, Libertad y Ley».

Pedrosa consiguió de las bordadoras la tela y logró que ésta acabase en la casa de Mariana. En el momento de su detención, el 13 de marzo de 1831, se hallaba en la casa de su madre adoptiva. Tras un arresto domiciliario de diez días, del que intentó infructuosamente huir disfrazada, fue confinada en el beaterio de Santa María Egipciaca, el llamado Convento de las Arrecogidas, donde pasó los últimos dos meses de su vida. Al amparo de una resolución real que le otorgaba plenos poderes en la causa contra Mariana Pineda, Pedrosa pidió la pena capital.

Todo el proceso fue un cúmulo de ilegalidades, de apaños e incumplimientos de las escasas garantías jurídicas sobre las que se sustentaba el poder. El juez le ofreció repetidamente el perdón a cambio de delatar a sus cómplices, pero siempre obtuvo la negativa de Mariana. Tres días antes de su ejecución, fue trasladada a la Cárcel Baja. Serena, ratificada en su firme resolución de no delatar a nadie, encomendó el cuidado de sus hijos. Escribió allí mismo a su hijo una carta en la que le decía que moría «en aras de la patria, de la libertad y de la santa causa de los derechos del pueblo». El día 26 de mayo de 1931 fue conducida a lomos de mula al Campo del Triunfo, donde fue ejecutada mediante el método del garrote vil. Al mismo tiempo, fue quemada ante sus ojos la bandera causante de su detención.

Mariana se convirtió en símbolo de la lucha por la libertad. Concluido el período absolutista, después del silencio forzoso que cayó sobre su nombre, en 1937, a propuesta de los diputados granadinos, las Cortes le decretaron una fiesta anual, que se celebró durante mucho tiempo. Tras errar por diversos lugares, sus restos fueron finalmente inhumados en la Iglesia del Sagrario. Hoy día lleva su nombre una plaza y su estatua está situada en uno de los lugares más representativos políticamente de Granada.

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Clara Campoamor

Nace en el barrio de Maravillas, actual Malasaña, en el seno de una familia sencilla y de pensamiento liberal-progresista. La prematura muerte de su padre le obliga a empezar a trabajar con apenas trece años como modista junto a su madre. En el año 1909 obtiene plaza por oposición en el cuerpo auxiliar de Telégrafos.
En 1914 obtiene una plaza como profesora en la Escuela de Adultos de Madrid, al tiempo que es secretaria del diario La Tribuna. En su época de actividad política participaría en periódicos como Nuevo Heraldo, El Sol y El Tiempo.
En 1922 decide concluir sus estudios de Bachillerato, lo que consigue rápidamente. Eso le permite matricularse en Derecho. En 1924 obtiene la licenciatura en Derecho por la Universidad de Madrid. Pasa a ser miembro del colegio de Abogados en 1925.
Inicia por esa época su actividad política, centrada en los derechos no reconocidos de la mujer. Participa en ciclos y conferencias universitarias, y comienza a publicar escritos hasta que en 1929 entra en el Comité Organizador de la Agrupación Liberal Socialista y pasa a Acción Republicana.
En los procesos de San Sebastián a los rebeldes de guarnición de Jaca de 1930 asume el papel de abogada defensora. Funda y preside la Agrupación Unión Republicana Femenina.
Posteriormente se une al Partido Radical, con el que, en 1931, es elegida diputada por Madrid. Es una de las primeras mujeres, junto a Margarita Nelken y Victoria Kent, en obtener un escaño en el Parlamento republicano.
Durante este primer período mantiene una dura polémica con Victoria Kent respecto al derecho electoral de la mujer. Kent representaba a quienes temían que la mujer, influenciada fuertemente por la Iglesia, no votase a los candidatos republicanos. Campoamor proclamaba el derecho inalienable al voto de la mujer sin depender de su orientación. Esta posición ideológica la enfrentó a sus propios compañeros de partido.
En la sesión del 1 de octubre de 1.931, Dña. Clara, tuvo que escuchar en el Congreso que no se debía aprobar el voto femenino, "hasta que las mujeres dejaran de ser retrógradas" (Álvarez Buyita, Rico); "hasta que transcurran unos años y vea la mujer los frutos de la República y la educación" (Victoria Kent) o indefinidamente, "porque las mujeres son histéricas por naturaleza" (Novoa Santos); Hubo quieres proponían excluir esta cuestión de la Constitución para poder negarlo si las mujeres no votaban de acuerdo con el gobierno (Guerra del Río) o reducir el derecho a voto a las mayores de 45 años "porque antes la mujer tiene reducida la voluntad y la inteligencia" (Ayuso). Las otras dos únicas diputadas en aquél Congreso Constituyente, Victoria Kent, del Partido Radical Socialista, y Margarita Nelken, del PSOE, también feministas, consideraban inoportuno el reconocimiento del voto femenino y no lo apoyaron.
Finalmente, se aprobaría el cambio en la Constitución de 1931 por una ligera mayoría, quedando el texto como sigue: Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes. En el mes de diciembre de 1931 logró vencer una nueva maniobra para limitar el derecho de sufragio femenino.
Paradójicamente, las elecciones de 1933, primeras en las que la mujer tenía derecho a voto, significaron la victoria de la derecha política y la pérdida de los escaños de Campoamor y Kent.

En el 33 no consiguió renovar su escaño, en el 34 abandonó el Partido Radical por su subordinación a la CEDA y los excesos en la represión del golpe revolucionario de Asturias. Pero cuando, en 1934, pidió, con la mediación de Casares Quiroga, ingresar en Izquierda Republicana -fusión de radicalsocialistas, azañistas y galleguistas-, la sometieron a la humillación de abrirle un expediente y votar en público su admisión, que fue denegada. Dos afiliadas llegaron a pasear en alto su bola negra, jactándose de la venganza y no pudo por tanto ser candidata en las elecciones de 1936 que dieron la victoria al Frente Popular.
La inquina contra Clara Campoamor se debía a que muchos quisieron ver en la victoria de las derechas de 1933 la consecuencia del voto femenino, supuestamente derechista. Esa "explicación" no se sostiene cuando se considera que las izquierdas ganaron en el 36: las mujeres votaron en ambas elecciones. Pero Clara Campoamor sirvió de chivo expiatorio. Ella, se defendió por medio de un libro: Mi pecado mortal: el voto femenino y yo´publicado en junio de 1936, justo un mes antes del Alzamiento.
Tras el golpe militar de 1936, Clara siente su vida amenazada en el Madrid revolucionario. Parte de Madrid a Alicante y ahí embarca hacia Suiza vía Génova. Durante la travesía algunos falangistas se jactaron de que iban a matarla. En Ginebra se instala en casa de Antoinette Quinche y escribe una obra fascinante en que manifiesta su repulsión por las violencias cometidas en Madrid en nombre de la Revolución: La revolución española vista por una republicana que publicó en francés y sólo recientemente ha sido editado en español. En esa obra Clara no sólo se muestra como siempre lo fue, liberal e independiente, sino que proporciona el primer análisis histórico de la Revolución española y de la Guerra Civil y nos da su sincero testimonio.
Cuando en 1.951 quiso volver a España, Clara se encontró otro problema: era masona de la logia Reivindicación. El régimen de Franco propuso, al igual que con otros masones elegir entre dos opciones: dar los nombres de los masones que conocía, o pasar 12 años en la cárcel. Dijo que ser masona era un delito legalísimo cuando ingresó en la masonería. Eligió, otra vez, el ostracismo, el destierro y el olvido.
El exilio la llevó en distintas ocasiones a permanecer en Francia, Argentina y Suiza, donde moriría en 1972 en la ciudad de Lausana a la edad de 84 años. Sus restos yacen en el cementerio de Polloe, en San Sebastián, no en Madrid, dónde nació: San Sebastián era el lugar donde se encontraba cuando estalló la República.

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Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo Bazán nació el 16 de septiembre de 1851 enLa Coruña.Su padre, Don José Pardo Bazán, era una figura política. Estimulaba la lectura y los estudios en su hija unigénita, Emilia. Su madre, Amalia de la Rúa le enseñó a leer y más tarde le ayudaría a liberarse de muchas tareas domésticas para que Emilia pudiera dedicar más tiempo a la lectura y la escritura. Poco después del nacimiento de Emilia la familia se mudó a una casa en un barrio aristocrático y tranquilo en la Calle de las Tabernas.

La biblioteca de su padre le proporcionaban el acceso a una gran variedad de lecturas. En la casa de Sangenjo encontró Don Quijote y la Biblia. En la casa de La Coruña leyó La conquista de México de Solís y Varones ilustres de Plutarco. Los libros sobre la revolución francesa le fascinaban y sus preferidos eran Don Quijote, la Biblia y la Ilíada.
A los nueve años Emilia Pardo Bazán comienza a demostrar interés en la escritura. Ella misma recuerda, "Mi primer recuerdo literario se remonta a una fecha histórica señalada y ya distante: la terminación de la guerra de Africa, acontecimiento al cual rendí las primicias de mi musa....Y viendo que no me hacían caso ninguno, ni tenía con quién desahogar mi entusiasmo, me refugién en mi habitación y garrapateé mis primeros versos, que barrunto debía de ser unas quintillas."
Como adolescente escribió más versos y los publicó en el Almanaque de Soto Freire.

Cuando la familia iba a Madrid durante los inviernos Emilia asistía a un colegio francés protegido por la Real Casa, donde fue introducida a la obra literaria de La Fontaine y Racine. A los doce años la familia decide quedarse en La Coruña durante los inviernos y allí estudia Emilia con instructores privados. Se sale del ritual de la educación femenina al negarse a tocar el piano y a tomar clases de música. Dedica todo el tiempo posible a su verdadera pasión, la lectura.
En 1868, año de la Gloriosa revolución, ( revolución que acabaría con el reinado de Isabel II), contrae matrimonio a los diez y siete años con José Quiroga. Vivieron en Santiago durante el invierno del '68 y '69; Emilia ayudaba a su marido con sus estudios de derecho. Cuando el padre de Emilia es nombrado Diputado de Cortes toda la familia se traslada a Madrid, incluso el joven matrimonio. En Madrid asisten a conciertos y a fiestas populares y Emilia llega a conocer la ciudad y el ambiente madrileño. Tras la entrada de Amadeo de Saboya y la guerra carlista, José Pardo Bazán se desilusionó con la política y toda la familia se marchó a Francia. Viajaron por Europa-Inglaterra, Italia, Alemania... donde Emilia aprende inglés y alemán. Además descubre la literatura francesa que dejará un gran impacto en ella.

Su iniciación en el mundo literario comienza en 1876 al ganar el primer premio por el Estudio crítico de Feijoo , competencia en la que también participó Concepción Arenal. Este mismo año dio a luz a su primer hijo, a quien le dedica un libro de poemas bajo su propio nombre, Jaime que resultaría ser su único libro de poesía.
Escribió su primera novela, Pascual López, el año en que nació su segundo hijo, Blanca. Una dolencia hepática en 1880 obligó a la escritora a pasar algún tiempo en Vichy. Durante este período descubre el naturalismo de
Zola, conoce personalmente a Hugo , y empieza a interesarse en esta nueva tendencia literaria.
En el periódico madrileño "La época" publica "Un viaje de novios" que era un relato novelesco de sus propias memorias del viaje a Vichy. Su última hija, Carmen, nace en 1881.

En el periódico madrileño mencionado arriba publica unos artículos que habían de integrarse en el libro La cuestión palpitante en el que explica el movimiento literario del naturalismo. Su propósito era la siguiente: "Mi objeto era decir algo, en forma clara y amena, sobre el realismo y el naturalismo, cosas de que se hablaba mucho, pero con ligereza y sin que nadie hubiese tratado el asunto de propósito...Siempre me sorprenderá el extraordinario dinamismo de aquel librejo tratando al correr de la pluma, en que lo único calculado es la impremeditación y espontaneidad, que procuré para quitarle todo sabor didáctico."
La publicación de La cuestión palpitante creó un gran escándalo y su marido horrorizado por la situación le exigió a Emilia que cesara de escribir y que se retractase públicamente de sus escritos. A consecuencia de estos problemas matrimoniales Emilia decide separarse de su marido dos años más tarde, en 1884. En este año publicó La ama joven, que trata acerca de crisis matrimoniales.

Su terca novela, La Tribuna, publicada en 1882 es considerada como su primera obra naturalista. En esta obra Pardo Bazán estudia el ambiente y los tipos de la cigarreras en la fábrica de tabacos en La Coruña. Benito Pérez Galdós también obtuvo documentada información sobre la mendicidad madrileña para su obra Misericordia. Estos dos escritores tuvieron una relación amorosa que duró más de veinte años.


En 1886 conoció a Zola y en ese viaje a Francia descubrió la moderna novela rusa. Esas lecturas le impulsan a presentar en el Ateneo de Madrid un trabajo sobre La revolución y la novela en Rusia, en 1887.

Continúa escribiendo ferozmente y en los años '86 y '87 produjo Los pazos de Ulloa y La madre naturaleza.
En 1890 muere el padre de pardo Bazán y aprovecha la herencia para crear una revista escrita por ella sola, El Nuevo Teatro Crítico, nombre que recuerda la obra de Feijoo, Teatro crítico universal.
Asiste a congresos como el Congreso Pedagógico en donde denuncia la desigualdad educativa entre el hombre y la mujer. Aún consciente del sexismo dentro de los círculos intelectuales propone a Concepción Arenal a la Academia Real de la Lengua, pero es rechazada. La Academia tampoco aceptaría a Gertrudis Gómez de la Avellaneda ni a ella.

Sin embargo, en 1906 llegó a ser la primera mujer en presidir la Sección de literatura del Ateneo de Madrid y la primera en ocupar una cátedra de literatura en la Universidad Central de Madrid, aunque solo asistió un estudiante a clase.
Muere Pardo Bazán en 1921 en Madrid.

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Mujeres españolas ilustres: María Zambrano


María Zambrano Alarcón fue una filósofa y ensayista española. Nace María en Vélez Málaga el 22 de abril de 1904, donde permanece hasta los cuatro años, pues en 1909 tras una breve estancia en Madrid, la familia se traslada a Segovia donde transcurre su adolescencia. Estos años que coinciden con la gran amistad de su padre, Blas Zambrano, con Antonio Machado, van a ser fundamentales en su vida. En 1927 asiste a las clases de J. Ortega y Gasset y de Xavier Zubiri en la Universidad Central de Madrid, completando así la carrera de Filosofía y asumiendo un papel de mediadora entre Ortega y algunos escritores jóvenes, como Sánchez Barbudo o José Antonio Maravall. En 1931 será profesora auxiliar de la Cátedra de Metafísica en la Universidad Central, hasta el año 1936, aunque ya por esta época trabaja en la que va a ser su tesis doctoral “La salvación del individuo en Spinoza”.
Durante los años de la II República conoce y estrecha su amistad con Luis Cernuda, Rafael Dieste, Ramón Gaya, Miguel Hernández, Camilo José Cela o Arturo Serrano Plaja a través de las Misiones Pedagógicas y de otras iniciativas culturales. El 14 de septiembre de 1936 María contrae matrimonio con el historiador Alfonso Rodríguez Aldave, marchando poco después a Chile, donde éste había sido nombrado secretario de la Embajada de la República. Haciendo escala en La Habana, conoce allí a José Lezama Lima y pronuncia una conferencia sobre Ortega y Gasset. Será en 1937, el mismo día en que cae la ciudad de Bilbao, cuando María Zambrano y su marido regresan a España; a la pregunta de por qué vuelven si la guerra está perdida, responderán “por eso”.
Hasta el día de su salida camino del exilio, María Zambrano reside sucesivamente en Valencia y Barcelona. Su marido se incorpora al ejército, y colaborará en defensa de la República como Consejero de Propaganda y Consejero Nacional de la Infancia Evacuada. El 28 de enero de 1939 María cruza la frontera francesa, camino del exilio y en compañía de su madre, Araceli Alarcón, su hermana Araceli y el marido de ésta. Tras unas breves estancias en París y Nueva York se dirige a La Habana, donde reencuentra a Lezama Lima y es invitada como profesora de la Universidad y del Instituto de Altos Estudios e Investigaciones Científicas. De La Habana se dirige a México, donde es nombrada también profesora en la Univ. San Nicolás de Hidalgo de Morelia, (Michoacán). En 1943 y 1944 dicta cursos en el Dto. de Estudios Hispánicos de la Univ. de San Juan de Puerto Rico, así como en la Asociación de Mujeres Graduadas. Igualmente conferencia en la Asamblea de Profesores de Univ. en el exilio (La Habana).
En septiembre de 1946 viaja desde La Habana a París con motivo del fallecimiento de su madre, permaneciendo en esta ciudad y en esos duros años de postguerra hasta el 1 de enero de 1949. Desde esta fecha se traslada a La Habana, donde vivirá hasta 1953, impartiendo conferencias, cursos y clases particulares. Vuelve a Europa y se instala en Roma hasta 1964, relacionándose con intelectuales italianos como Elena Croce, Elemire Zolla y Victoria Guerrini, y españoles como Ramón Gaya, Diego de Mesa, Enrique de Rivas, Rafael Alberti y Jorge Guillén. Este mismo año se sitúa en la vieja casa de La Piéce, junto al bosque del Jura francés, lugar que entronca con su libro “Claros del bosque”.
Con el artículo de J.L. Aranguren “Los sueños de María Zambrano” (Revista de Occidente, feb. 1966) se inicia un lento reconocimiento en España de su obra. Todo el año 1973 lo pasa en Roma y de 1974 a 1978 vuelve a residir en La Piéce escribiendo “Claros del bosque” y manteniendo una intensa correspondencia con Agustín Andreu. El deterioro de su salud física es constante cuando en 1978 se traslada a Ferney-Voltaire, donde permanece dos años, hasta que en 1980 se traslada a Ginebra. En ese año, a propuesta de la colonia asturiana en Ginebra, es nombrada Hija Adoptiva del Principado de Asturias, lo que constituyó su primer reconocimiento oficial.
En 1981 es recompensada con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, a su vez el Ayuntamiento de su pueblo la nombra Hija Predilecta. Al año siguiente, el 19 de diciembre, la Junta de Gobierno de la Universidad de Málaga acuerda su nombramiento como Doctor honoris causa. El 20 de noviembre de 1984 María Zambrano pisa de nuevo suelo español y se instala en Madrid, desde donde salió en pocas ocasiones. En esta última etapa la actividad intelectual será incansable, siendo nombrada Hija Predilecta de Andalucía el 28 de febrero de 1985. Después, en 1987, se constituye en Vélez la Fundación que lleva su nombre, y en 1988 se le concede el Premio Cervantes. Finalmente el 6 de febrero de 1991 María fallece en Madrid, siendo enterrada en su pueblo natal. No obstante seguirá recibiendo reconocimientos sociales, como el de “Hija Predilecta de la Provincia de Málaga” el 25 de abril de 2002. El 27 de noviembre de 2006 el Ministerio de Fomento bautizó con su nombre la estación central de ferrocarril de Málaga.

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Mujeres españolas ilustres

He leído la noticia sobre que se va a proponer como proyecto no de ley la paridad de las imágenes femeninas o masculinas en las monedas de euro. La verdad es que me parece bien, aunque tampoco le quiero dar más trascendencia de la necesaria, es algo que se tendría que haber hecho quizás sin más, sin publicidad ni debate…

Pero lo que sí me llamó la atención fue mi falta de conocimiento. Se nombraban a ciertas mujeres como posibles futuras caras de las monedas: María Zambrano, Victoria Kent, Mariana Pineda, Lily Alvarez, Emilia Pardo Bazán, Dolores Ibárruri, Agustina de Aragón y Clara Campoamor. No conozco a muchas de ellas.

Con ocasión del Día de la Mujer Trabajadora ya expuse algunas biografías sobre mujeres ilustres, la mayoría extranjeras. Ahora he decido hacerlo con mujeres españolas, porque creo que podemos decir muchos nombres de hombres ilustres, pero si nos preguntan sobre mujeres ilustres españolas, la cosa cambia, y no porque no las haya, sino por mero desconocimiento. De modo que todos los jueves (empiezo mañana) presentaré la biografía de las mujeres que he nombrado antes, porque me parece interesante.

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Que mi nombre no se borre en la historia

En el blog de Maxmartini leí que en Madrid Juventudes Comunistas organizaban un documental sobre las Trece Rosas, y me entró el gusanillo, así que decidí descargármelo, y puedo decir, sin duda, que no me arrepiento.

Ví los dos documentales: uno sobre la creación y vida de las JSU principalmente en Madrid, y otro más específico sobre la vida de las mujeres, y de estas trece mujeres en las cárceles, especialmente en Las Ventas.

Puedo decir, sin duda, que se te ponen los vellos de punta. Creo que no debería importar de qué ideología seas para que esas cosas te conmuevan (aunque sí importa), y sin duda, te hace mandar un poco lejos a aquellos que critican la memoria histórica, y más allá todavía a quienes defienden la “ley de punto final”.

Me recordó muchísimo al libro de Dulce Chacón titulado “La voz dormida”, libro que también recomiendo encarecidamente. La historia de sus personajes la podéis leer en este gran artículo que he encontrado en Internet: http://www.archivovirtual.org/seminario/lamemoria/ponencias/p2.htm


Supongo que casi todo el mundo ha escuchado hablar de las Trece Rosas. Para los que no, en Wikipedia aparece lo siguiente: Las Trece Rosas es el nombre colectivo que se les dio a un grupo de trece muchachas, siete de ellas menores de edad (entonces establecida en 21 años), fusiladas por la represión franquista en Madrid, el 5 de agosto de 1939, poco después de finalizar de la Guerra Civil Española. Eran Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brisac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Avelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente.
El 27 de julio, Isaac Gabaldón, comandante de la Guardia Civil, inspector de policía militar de la 1ª Región Militar y encargado del "Archivo de Masonería y Comunismo" (archivo que agrupaba los documentos recopilados por las tropas de Franco en su avance durante la guerra), su hija y su chófer fueron asesinados en Talavera de la Reina, en un oscuro incidente del que fueron acusados tres militantes de las JSU. Como represalia, 56 jóvenes de las JSU encarcelados (en su mayor parte antes del asesinato), entre los que se encontraban las Trece Rosas, fueron llevados a juicio ante un Tribunal Militar el 3 de agosto (expediente 30.426), acusados de reorganizar las JSU y el PCE para cometer actos delictivos contra el "orden social y jurídico de la nueva España", y condenados, por "adhesión a la rebelión", a pena de muerte. En la madrugada del 5 de agosto de 1939, junto a la tapia del cementerio de la Almudena de Madrid, fueron fusilados los 56 miembros de las Juventudes Socialistas Unificadas, entre los que se encontraban las Trece Rosas
Es una breve información, pero ilustrativa. El nombre que he puesto para este post, “Que mi nombre no se borre de la historia”, el nombre del documental también, es la última frase que escribió Julia Conesa en la carta a sus familiares la noche en que la fusilaron.

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Dia de la mujer trabajadora

Pues bien, hoy 8 de marzo culmina mi homenaje a las mujeres (que no mi reconocimiento, que es continuo, y no es solamente porque yo sea una). Podría hablar de cómo se han ido salvando las diferencias, de cómo hemos ido accediendo a trabajos, puestos de dirección, de lo mucho que queda aún por hacer. Pero no lo haré, quizás en otro momento. Me limitaré a transcribir una canción que he leído y dice mucho. Creo que es estupenda, y resume muy bien grandes logros y realidades.

Para ti, mujer abnegada, mujer trabajadora
Para ti mujer, va hoy esta flor y mi canción
Para ti, dulce, tenaz y sacrificada luchadora
Para ti, todo mi respeto y toda mi admiración
Los diarios nos mencionan a mujeres famosas
Nombres grabados a fuego y oro en la historia
Cantan loas a sus logros, a sus grandes cosas
Nos hablan de sus virtudes y de sus memorias
Pero yo quiero cantarte a ti, silenciosa luchadora
Que te levantas la primera, al atisbar los rayos del sol
Mujer de mil nombres, de mil caras, de mil horas
Compañera en la lucha y con tiempo aun para el amor
A ti, que día tras día vas al hospital, a la oficina
Al campo, a la fábrica, a la calle, al mundo a remar
A ti, que aunque llegas a casa extenuada, rendida
Todavía guardas una sonrisa y reservas para amar
Me viene este canto de lo más profundo de la vida
Acumulado estaba el homenaje a tan maravilloso ser
Muchos versos había escrito, pero a ti te lo debía
Madre, hermana, esposa, hija, compañera... mujer.

Julio César Pavanetti Gutiérrez

FELICIDADES A TODAS LAS MUJERES. PORQUE HOY, COMO TODOS, ES TU DÍA. PERO HOY SE TE ESCUCHA, QUIZÁS, UN POQUITO MÁS.

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Madeleine Pelletier


(1874 – 1939) Fue una psiquiatra, feminista y socialista francesa. Pelletier comenzó estudiando como antropóloga la relación entre el cráneo y la inteligencia según Paul Pierre Broca junto con Charles Letourneau y Léonce Manouvrier. Abandonó la antropología, oponiéndose a la idea de que el tamaño del cráneo pudiera determinar la inteligencia y las diferencias entre sexos. Después de romper con la antropología, Pelletier orientó sus intereses hacia la psiquiatría. En 1906 se convirtió en la primera mujer en Francia en presentarse a los exámenes para convertirse en psiquiatra. También fue la primera mujer que trabajó como interina en los sanatorios estatales.
Además de su vida profesional, Pelletier era una activista comprometida. En su adolescencia se relacionó con agrupaciones anarquistas y feministas. Para 1900 Pelletier estaba activamente involucrada en el activismo feminista y socialista. En 1906 se convirtió en secretaria de La Solidarité des femmes (Solidaridad entre mujeres) y llevó a esta organización a convertirse en una de las organizaciones feministas más radicales de aquel tiempo. En 1908 representó a la agrupación en las manifestaciones en el Hyde Park por el sufragio femenino. Editó La suffragiste (La sufragista). Durante este periodo colaboró también en la fundación del Partido Socialista francés (la sección francesa de la Internacional obrera) en 1905, formó parte de su consejo nacional hasta la guerra y representó al partido en la moyoría de congresos socialistas internacionales antes de la guerra. Durante la primera guerra mundial trabajó para la Cruz Roja, atendiendo a los heridos de ambos bandos.
También destacó como miembro femenino de la masonería. Pelletier fue miembo de la logia La Nouvelle Jérusalem (la Nueva Jerusalén) desde 1904. Desde su activismo político en favor de la emancipación de las mujeres, a menudo chocaba con su logia a pesar de que ésta tenía miembros de ambos sexos. Sus posturas sobre el control de natalidad y el aborto eran muy cercanas a las del movimiento neomaltusiano francés, que apoyaba el uso del control de natalidad y el aborto por parte de las mujeres; también escribía para la publicación periódica neomaltusiana.
Pelletier escribió abundantemente acerca de los derechos de las mujeres, algunas de sus publicaciones son: La femme en lutte pour ses droits (Las mujeres en la lucha por sus derechos) (1908), Idéologie d'hier: Dieu, la morale, la patrie (La ideología del ayer: Dios, la moral, la patria) (1910), L'émancipation sexuelle de la femme (La emancipación sexual de la mujer) (1911), Le Droit à l'avortement (El derecho al aborto) (1913), and L'éducation féministe des filles (La educación feminista de las niñas) (1914).
Pelletier reflejaba sus creencias a la hora de vestirse y en su comportamiento en sociedad. Llevaba el pelo corto y era conocida por su celibato y por vestir ropa de hombre. Sus contemporáneos interpretaban sus acciones como un desafío a la identidad de género. Acerca de su imagen, escribió que “enseñaré los míos [los pechos] cuando los hombres empiecen a llevar alguna clase especial de pantalones para enseñar los suyos".
En 1921 viajó clandestinamente a Rusia y esribió Mon voyage aventureux en Russie communiste (Mi azaroso viaje por la Rusia comunista), publicado por primera vez en La Voix de la Femme (La voz de la mujer) a finales de1921, y como libro en 1922. En 1926 abandonó el partido comunista y, después de romper con el comunismo, abrazó el anarquismo. Desde su retorno de Rusia escribió novelas utópicas y su autobiografía La femme vierge (La mujer virgen), en 1933.
Como consecuencia de un ataque al corazón, Pelletier quedó paralizada en 1937. Sin embargo, prosiguió practicando abortos abiertamente y fue arrestada en 1939. Después de su detención fue internada en un sanatorio y su salud física y mental se deterioró. Murió antes de que acabara el año.