EL IMPERIO
Los habitantes de la ciudad disfrutaban de mayor libertad sexual que los del medio rural. En cualquier caso, la Iglesia elevó el matrimonio a la categoría de sacramento y se aseguró su administración. Pero aún así no consiguió el control absoluto de la vida sexual.
La mujer debía llegar virgen al matrimonio. Así, el empleo de remendador de virgos continuó su floreciente ascenso.
Sorprender la gran cantidad de hijos ilegítimos, muchos de ellos expósitos, que afloran en los documentos. El bastardeo llegó a ser casi una institución, comenzando por la propia casa real. A pesar de ello, la natalidad era muy baja debido a la intensa mortalidad infantil, a la larga lactancia y al coitus interruptus.
Por esta época se inventó el preservativo, pero no se divulgó hasta el siglo XVIII, en Francia e Inglaterra, y el siglo XIX en los países latinos. Parece ser que el padre del invento fue el cirujano italianao Gabrial Falopio. Era, en su primera versión, un pequeño forro de tela embebido de una decocción de hierbas específicas. A finales de siglo un tripero perfeccionó el invento fabricándolo con membrana de cordero.
A quien practicaba la homosexualidad se le condenaba a la hoguera. Huyendo de la quema, muchos homosexuales nobles se metían a marinos, atraídos por la mayor permisividad que imperaba en los barcos, donde las tripulaciones pasaban meses enteros sin contacto alguno con mujeres.
La psicología moderna ha establecido que la represión de los instintos sexuales acarrea neurosis. La etilogía de la histeria, señalada por Freíd, explica hoy muchas obsesiones de los moralistas cristianos. La Iglesia medieval lo entendió así y consintió que sus clérigos mantuvieran concubinas y barraganas; más adelante amas y sobrinas.
El confesionario, inventado en el siglo XVI, fue el instrumento que vino a favorecer los idilios amorosos entre el confesor y la penitente. Aunque la solicitud de actos deshonestos por parte del clérigo fue declarada herejía en su calidad de atentado contra el sacramento de la confesión, no por ello dejó de producirse.
Cuando un solicitante sádico daba con una hija de confesión masoquista, el resultado era un flagelante, variedad sádica de los solicitantes. La Inquisición llamaba flagelante activo al que administraba la penitencia y pasivo al que la recibía. Algún caso se daba de mixto activo – pasivo, cuando confesor y confesada se zurraban mutuamente.
La vida sexual del siglo XVII presentó, según Marañón, dos características: el contubernio con la religión y el sadismo. El dolor, tanto físico como psíquico, suscitaba pasión.
Los libertinos y galanes contaban sus conquistas con virgos cobrados. Y aquellos que no tenían prendas naturales o aptitudes para la conquista amorosa procuraban cobrarlos. Los virgos llegaron a venderse por escritura notarial
Historia secreta del sexo en España (Juan Eslava Galán)